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¿Jornada intensiva o partida?

La jornada intensiva o jornada continua supone acortar el horario de trabajo considerado normal en España. Dicho cambio supone eliminar el descanso para comer, adelantando la hora de entrada y retrasando el de salida. De esta forma, los trabajadores entrarían entre las 7 y las 8 de la mañana, para terminar entre las 14 y las 15 horas.

No existe una norma fija que establezca cuándo se ha de empezar a aplicar este horario. Hay empresas más generosas que lo establecen el máximo tiempo posible, del 15 de junio al 15 de septiembre. En general, puede decirse que suele comenzar a mediados o finales de junio hasta finales de agosto, pero la decisión compete únicamente a la empresa.

Y es que es el verdadero objetivo de esta jornada de trabajo es beneficiar al empleado, puesto que al beneficiarle a él se beneficia también a la empresa. Sin embargo, en España la jornada intensiva no está muy extendida por varios motivos. Aquí existe una cultura presencialista en el trabajo, lo cual implica que necesitamos estar una serie de horas en la oficina.

Por el contrario, la jornada partida es aquella en la que las horas dedicadas al desempeño diario están divididas en dos bloques, entre los cuales se establece un tiempo de descanso de dos o tres horas, habitualmente para comer.

Hay que tener en cuenta que ambos modelos presentan sus ventajas e inconvenientes.

Pros de la jornada intensiva:

  • Se mejora la conciliación laboral y familiar de los empleados.
  • Al trabajar las ocho horas de forma continuada y salir antes de la oficina, el personal tiene la posibilidad de disfrutar de gran parte de la tarde o la mañana, según el turno que le corresponda, para sus asuntos personales.
  • Se incide en la satisfacción laboral y motivación, generando también un ahorro para la compañía en gastos de luz, climatización, maquinaria…

Contras de la jornada intensiva:

  • Los trabajadores verán cómo su ritmo de trabajo se intensifica para poder atender a todos los asuntos a lo largo de la jornada, y las pausas de 15 minutos cada 6 horas estipuladas por ley pueden ser insuficientes, produciendo un desgaste en el empleado que se verá reflejado en su motivación, satisfacción y desempeño.
  • Para la empresa, demás, el empleo de jornada continuada puede suponer problemas para adaptarse a los horarios de los proveedores, que sí mantienen turnos de trabajo partidos o de los clientes, que demandan mayores franjas horarias de atención al público.

Por su parte, la jornada partida también puede presentar las mismas ventajas que la intensiva si se adapta a las necesidades de los trabajadores. Por ejemplo, si en lugar de establecer una pausa de 3 horas entre las 14:00 y las 17:00 horas como es habitual en muchas empresas españolas, se acuerda un descanso de una hora o media hora para comer, los empleados podrán salir a las 18:00 en lugar de a las 20:00 horas, permitiéndoles también conciliar su vida laboral y personal, disfrutar de un tiempo de desconexión suficiente para mantener la intensidad en el trabajo y no afectar a la coordinación para la organización con proveedores o consumidores.

Además, si la empresa apuesta por ofrecer a la plantilla beneficios sociales como el ticket restaurant o el ticket guardería, con el que los profesionales pueden sufragar sus comidas o los servicios de la escuela infantil de sus hijos, la motivación de los mismos aumentará.

Por este motivo, también es beneficioso el concepto de jornada partida, pues bien empleada puede resultar muy efectiva para crear equipos motivados, productivos y satisfechos con sus condiciones laborales.

Reflexión: Cada vez las empresas tienden más a la jornada intensiva. ¿En el futuro será ventajoso para el trabajador? ¿Y para la empresa?