Tendencias & Innovación

Una empresa es innovadora si hoy lo es más que ayer pero menos que mañana

Uno de los documentos de referencia en lo que se refiere a la formalización de los conceptos relacionados con la innovación es el Manual de Oslo (Directrices para la recogida e interpretación de información relativa a innovación). Es un documento desarrollado por la OCDE, que en la actualidad tiene en vigor la 3ª edición publicada en 2005, que en principio es un documento para uso de datos estadísticos pero que dado su carácter internacional es usado como base conceptual de todo aquellos documentos relacionados con la innovación. Como sea que el original (Oslo Manual: Guidelines for collecting and Interpreting Innovation Data) es en inglés, el manual ha sido traducido al español por diversos organismos y empresas siendo estos en cada caso “el único responsable de la calidad de la edición en lengua española, incluida su coherencia con el texto original”.

La primera edición del Manual de Oslo es de 1992 y en aquella época hacia solo referencia a “innovación tecnológica” centrándose totalmente en el sector industrial y con la focalización en la innovación de producto y de proceso. En la segunda edición del año 1997 se amplió el marco de visión al sector servicios aunque se mantenía el carácter preponderante de la innovación en el sector industrial.

La tercera edición supuso un salto conceptual importante ya que se le aportó la incorporación de la dimensión sistémica de la innovación en la que se pretendía exponer la importancia de las relaciones y las interrelaciones entre los diferentes actores del sistema. Además también se incluyeron otras dos tipologías de innovación: la innovación organizativa y la innovación comercial.

En esta última edición es de especial la exposición de la trascendental incidencia que para la innovación se considera suponen los flujos del conocimiento que se pueden establecer no solo entre las empresas sino entre las empresas y todas aquellas organizaciones y agentes libres que orbitan en los diferentes ecosistemas de innovación.

Es oportuno citar que a principios del siglo XXI desde la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT) se puso sobre la mesa la necesidad de adaptar los criterios del Manual de Oslo a las características específicas de los sistemas de innovación y de las empresas de América Latina. Como consecuencia en 2001 se publicó el Manual de Bogotá (Manual para la Normalización de Indicadores de Innovación en América Latina)

Volviendo al Manual de Oslo podemos citar la definición de innovación que allí se hace que dice: “Una innovación es la introducción de un producto (bien o servicio) o de un proceso, nuevo o significativamente mejorado, o la introducción de un método de comercialización o de organización nuevo aplicado a las prácticas de negocio, a la organización del trabajo o a las relaciones externas”.

El manual complementa esta definición indicando “Una característica común a toda innovación es que haya sido introducida. Un producto nuevo o mejorado se introduce cuando sale al mercado. Los nuevos procesos, los métodos comerciales o los métodos organizativos se introducen cuando comienzan a ser utilizados en el proceso productivo de la empresa”.

Hemos de tener en cuenta que la definición de innovación se configura bajo el paraguas de la OCDE, que es un organismo cuyos principales objetivos están vinculados a la expansión económica de los países; a favorecer la expansión del comercio mundial; y a la expansión de la economía, el empleo y el progreso para contribuir al desarrollo de la economía mundial. Si tenemos en cuenta esto hemos de entender que la definición de innovación se circunscribe a un ámbito determinado y, en consecuencia, no tiene en cuenta otros ámbitos como podría ser el de la innovación en lo social o la innovación en lo cultural (aunque sí que podría aplicarse a la “innovación en las industrias culturales”).

Además, esta definición va acompañada de un añadido relevante que dice “El requisito mínimo para que una innovación sea considerada como tal es que el producto, proceso, método comercial o método organizativo sea nuevo (o significativamente mejorado) para la empresa. Esto incluye, por tanto, aquellos productos, procesos y métodos desarrollados por vez primera por la empresa y aquellos que la empresa ha adoptado y que han sido desarrollados previamente por otras empresas u organizaciones”.

Es decir que bajo esta perspectiva la innovación en una empresa es desde el punto de vista de la empresa, por lo que una empresa puede considerarse innovadora si lo es para sí misma. Una visión que considero consigue que cualquier empresa pueda empezar a caminar por el universo de la innovación. Al principio con innovaciones incrementales, quizás poco significativas respecto de la competencia pero que le pueden permitir conseguir una “confianza innovadora” que haga que con el tiempo consiga ascender en la escalera de los innovadores pasando por la categoría de “empresa radicalmente innovadora” hasta llegar incluso a  la de “empresa disruptivamente innovadora”. Y todo puede empezar simplemente adoptando las innovaciones que han hecho otros.

Por eso hay que aceptar que “seré innovador si soy capaz de introducir cosas nuevas en mi entorno”.