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División de activos: 3 clasificaciones para entenderlos

Cuando en Finanzas y en Contabilidad hablamos de activos, nos referimos a todo lo que tiene la empresa. Se contrapone con el término pasivos, que hace referencia a todo lo que debe la empresa.

Con el objetivo de comprender correctamente el primero de dichos conceptos, en este post estableceremos una división de activos atendiendo a distintos criterios:

  1. División de activos en función del uso que les da la empresa: corrientes y no corrientes.
  2. División de activos en función de su promedio de vida: de corto plazo y de largo plazo.
  3. División de activos en función de su tangibilidad: tangibles e intangibles.

Por supuesto, existen muchas otras formas de división de activos. Es importante comprender que no hay clasificaciones correctas y clasificaciones incorrectas, sino que estas dependen del objetivo por el que se establezcan.

Veamos a continuación con mayor detalle las divisiones que hemos destacado en el listado anterior.

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División de activos en función del uso que les da la empresa

Esta primera división de activos es la más conocida y utilizada en todo el mundo.

En ella, se contempla si la empresa va a utilizar los activos para vender y generar liquidez inmediata o si los va a utilizar como parte de su proceso productivo, es decir, como herramienta para generar beneficios de forma indirecta.

Así, surge la división de activos que distingue entre:

  1. Activo corriente. También conocido como activo circulante. Tal y como ambas denominaciones indican, es un activo que “corre”, que “circula”, y que la empresa adquiere con el único objetivo de disponer de liquidez inmediata o de venderlo para obtenerla nada más se produzca dicha venta. Algunos ejemplos los encontramos en el propio dinero en efectivo, las deudas que otros agentes deben a la empresa o las existencias de productos.
  2. Activo no corriente. También conocido como activo fijo. Este tipo de activo no “corre”, sino que permanece “fijo” en la empresa como parte de su proceso productivo para ayudarle a conseguir beneficios sin necesidad de venderlos directamente. Algunos ejemplos: bienes inmuebles, maquinaria o terrenos.

Debes tener en cuenta que esta no es una clasificación rígida y, en ciertas ocasiones, el activo no corriente termina transformándose en activo corriente si la empresa decide venderlo aunque su intención a la hora de adquirirlo no haya sido esa.

 

División de activos en función de su promedio de vida

En esta segunda división de activos distinguimos entre:

  1. Activo de corto plazo. Es aquel que permanece poco tiempo en la empresa y, por lo general, coincide con el activo corriente.
  2. Activo de largo plazo. Es aquel que permanece más tiempo en la empresa y, por lo general, coincide con el activo no corriente.

Como vemos, esta segunda división de activos suele mezclarse con la anterior debido a que el activo corriente suele permanecer en la empresa durante un corto plazo de tiempo y el activo no corriente suele permanecer un largo plazo de tiempo. Sin embargo, hemos diferenciado entre ambos criterios de clasificación debido a que la distinción entre activo corriente y no corriente no suele contemplar, por ejemplo, activos corrientes que se terminan almacenando durante un largo plazo esperando a que su valor monetario aumente y que así la venta proporcione más beneficios.

 

División de activos en función de su tangibilidad

Esta última división de activos que destacamos los clasifica en función de si son objetos físicos o no:

  1. Activo tangible. Es el que se puede tocar o percibir directamente a través de los sentidos. Al tratarse de algo físico, puede perder valor con su uso, con lo cual hablamos de activo tangible depreciable, o no perderlo en el caso del activo tangible no depreciable. Ejemplos los tenemos en algunos de los mencionados anteriormente: dinero en efectivo, existencias de productos, bienes inmuebles o terrenos.
  2. Activo intangible. Es el que no tiene una materia física que lo componga. El ejemplo más habitual es el de las marcas, que tienen un valor intrínseco en función del éxito que hayan tenido en el mercado desde el momento de su entrada en él.

 

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