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Activo: definición y criterios de valoración

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En otros post nos hemos referido a la definición de un activo empresarial, así como a sus características y su clasificación en activos no corrientes y activos corrientes. Sin embargo, en esta ocasión vamos a retomar algunos rasgos de dicha definición para, más adelante, centrarnos en los criterios de evaluación. ¡Acompáñanos!

 

Definición de activo: una precisión necesaria

Siempre que hablamos de la definición de un activo empresarial pensamos en todos aquellos bienes inmuebles que posee una empresa para su funcionamiento, así como otros recursos de los que puede hacer uso en cualquier momento.

Y sí, es tal como se ha dicho: muebles, construcciones, equipos y sistemas informáticos, entre otros, forman parte de esta categoría.

No obstante, conviene aclarar que no sólo se considera un activo aquello que tiene forma física, material o de lo que se puede disponer inmediatamente. El gran valor del activo empresarial es justamente ese.

Es decir, también aquellos elementos que no se tienen a mano pero que, de un modo u otro, constituyen un beneficio para las empresas, pueden considerarse como tal. Por ejemplo las inversiones a medio o largo plazo, los derechos de cobro por servicios o los beneficios proyectados a determinados plazos.

 

Algunos criterios para valorar un activo empresarial

La valoración de un activo empresarial es un proceso mediante el cual se le asigna un valor a aquellos bienes, tanto materiales como inmateriales, con los que cuentan las empresas. Estos bienes, como es obvio, no tienen el mismo valor ni el mismo peso para el funcionamiento y la viabilidad del negocio.

En función de la coyuntura, el mercado de operación, el tipo de empresa o la clase de producto comercializado el valor de un activo será mayor o menor. Veamos algunos de los criterios de evaluación que más se emplean en este proceso:

  • Coste histórico: hace referencia al valor que ha constituido un activo durante el tiempo en el que la empresa ha estado activa. Hay activos que han nacido con la empresa y otros que se han anexado en etapas posteriores.
  • Valor actual: un activo no siempre tiene el mismo valor cuando se le cataloga como tal que cuando se realiza su valoración. Algunos pierden valor a lo largo del tiempo; otros, en cambio, aumentan el suyo. Lo importante es saber definir el valor actual y su impacto en la empresa.
  • Coste de venta: se relaciona con el coste actual, pero no tiene por qué ser el mismo. El valor para la empresa puede ser uno y el valor de cara al mercado, otro. La idea es que el segundo sea mayor que el primero; de lo contrario, no habrá un beneficio directo.
  • Coste amortizado: se calcula mediante una sencilla ecuación. La idea es que se obtenga la diferencia entre el valor inicial menos los cobros o pagos de esa misma cantidad o de sus intereses. En este cálculo es necesario computar los intereses derivados del tipo de interés efectivo.
  • Valor residual: constituye el valor de un activo cuando ésta ya ha acabado su vida útil, es decir, en su etapa de depreciación.

 

¿Podrías calcular, con estos elementos que te hemos descrito, el valor de cada uno de los activos de tu negocio? Hazlo; es una operación sencilla y muy útil.