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Digital versus Analógico

Siguiendo con el anterior post, para profundizar sobre el concepto de Digital, quizás una buena forma de entenderlo es coger su antónimo: analógico. Digital, en el contexto en el que estamos hablando, es todo aquello que no es analógico. Lo hemos visto en los enunciados de Shannon, lo podemos observar en casa, con la televisión, que ha pasado de ser analógica a digital... Pero, ¿cuál es la verdadera diferencia, aquello que contrapone estos dos conceptos?

Lo que nos interesa de esta confrontación es que, con lo digital pasamos de un mundo infinito a otro finito. Todo aquello analógico es continuo y una cosa continua quiere decir que tiene infinitos valores. En cambio, lo digital es o “1” o “0”, es decir, es discreto, tiene finitos valores. Vamos a la cocina a verlo mediante dos conceptos: contar y medir. Imaginamos que queremos hacer un pastel, y que para el mismo necesitamos 2 tazas de harina, 1 taza de leche y 2 huevos. La parte de la harina es sencilla. Cogemos la taza, la llenamos de harina, volcamos el contenido en el bol donde haremos la mezcla y repetimos el proceso otra vez. Para la leche, algo parecido. Llenamos la taza hasta el límite y volcamos el contenido en el bol. Pero al llegar a los huevos la cosa cambia. Lo que se tiene que hacer es coger la caja de huevos, coger 2, romperlos y tirar la yema y la clara al recipiente para mezclar.

Fíjate en lo que ha pasado. Con la leche y la harina hemos trabajado en tazas. Que estén llenas, hemos dicho. Aproximación. Hemos medido. Pero los huevos los hemos contado. Eran 2. No eran 4, 1 o 9 y 3⁄4. 2. Lo primero era digital. Lo segundo analógico. Cuando cuentas algo, obtienes un resultado exacto, en cambio, cuando mides algo, obtienes un resultado aproximado.

Pasemos al mundo real, y a una aplicación práctica: ¿qué te gusta, lidiar con problemas o con infinitos problemas? ¿con finitas cosas o con infinitas cosas? Para el management está bien claro, lo que buscamos, queremos, deseamos y soñamos en vivir en un mundo finito. Contable. Palpable. Y la razón es trivial: lo finito es gestionable, transformable, intercambiable, medible... Las empresas han vivido este mismo proceso precisamente por las ventajas que ahora he enumerado. De tener poco que ver con el mundo digital, han pasado a depender del mismo, y hoy la información de las mismas es en un 99% digital. Incluso hemos llegado a un punto en el que los bienes se han convertido en digitales. Un ejemplo claro es el de la industria de la música, hay románticos del vinilo, del CD, quizás encontraríamos alguno del cassette, sino que hable con los de los discos de música.

Por tanto, es cierto lo que decía y veía Shannon. Es cierto que buscamos un mundo finito. Lo digital, la revolución, la popularización, ha llegado a las empresas. Estamos en un momento en el cual la tecnología se ha hecho masiva, y esto ha llevado a una auténtica revolución. Es lo que se conoce como transformación digital.

En este mundo digital, a pesar de todo, hay muchos nubarrones. Se habla demasiado, flotan mitos en el ambiente y podemos ser escépticos. Hasta enero de 2018, quien subía a la cima de las montañas más altas del Himalaya debía visitar, al volver, a Elizabeth Howley. Esta americana no es que hubiera subido nunca al Everest. Al contrario, ni tenía nada que la hiciera especial. Ella misma se autodenominó la juez de la montaña. Howley se enamoró́ a primera vista de la imponente cordillera desde que visitó Nepal a finales de los años 50, hasta el punto en que se radicó Katmandú y desde 1963, se dedicó a documentar los ascensos a la montaña.

Un escalador podía decir que había llegado al techo de las cimas más altas del mundo. Pero lo tenía que demostrar. Howley lo tenía que ver. Mediante fotos, descripciones exactas del recorrido, de detalles quizás para muchos imperceptibles pero para ella cruciales... Fue ella quien cuestionó en 2009 el ascenso de la surcoreana Oh Eun-Sun a la cumbre del Kanchenjunga, que la convirtió en la primera mujer en conseguir los 14 "ocho miles". Que no validara la última de las 14 cimas de la coreana hizo que el honor de ser la primera mujer en alcanzar la hazaña recayera en la española Edurne Pasabán.

¿Por qué cuento esto? En un mundo digital también podemos hacer de señora Howley. En general, no nos creemos lo que nos cuentan, dudamos. Nos pueden decir que se puede hacer esto, lo otro, pero hasta que no vemos algo, no nos lo creemos. Dicho esto, si lo vemos, lo que es imposible es anticipar, saber antes de que pase algo que nos tienen que contar. La señora Howley no podía prever si un escalador subiría o no una montaña. Lo mismo pasa con otras cosas, entre ellas, la transformación digital. Cuando vemos algo podemos llegar a entender qué pasa, pero no anticiparnos. Y esto es lo complicado en un mundo digital como el que vivimos, en el que estamos. Resulta tremendamente importante ser capaz no solo de entender qué quiere decir digital, sino de saber lidiar, trabajar, anticipar, todo el impacto y la respuesta que requiere un mundo digital. Y esto es lo que vamos a tratar de descubrir.