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Coaching educativo: objetivos, usos y beneficios

coaching educativo

Si piensas en el coaching educativo, con toda seguridad vendrá a tu mente la idea de una herramienta exclusiva de los ámbitos pedagógicos o de formación. Sin embargo, te sorprenderías al descubrir todas las posibilidades que te ofrece este recurso, incluidas las que tienen que ver con el terreno empresarial.

Coaching educativo, mucho más que enseñanza

La primera idea que debes sacarte de la mente es que el coaching educativo tiene como única finalidad enseñar o transmitir conocimientos. Esta es la función clásica de los métodos de enseñanza, pero en este caso no estamos hablando de una herramienta pedagógica al uso. ¡Es muchísimo más que eso!

Si bien es cierto que se trata de un tipo de coaching que potencia las habilidades de los profesionales de la enseñanza y la formación, sus diversos beneficios se pueden aplicar a cualquier persona que tenga a cargo grupos con objetivos concretos.

En últimas, el tema pasa por sacar lo mejor de las personas que integren los equipos de trabajo que debes gestionar en tu entorno, apelando, claro, a maneras distintas de enseñar y al proceso de autoconocimiento.

 

¿Conoces los pilares del coaching educativo?

El coaching educativo crea las condiciones necesarias para el aprendizaje y, de forma simultánea, el crecimiento personal. Este doble objetivo sólo es posible gracias a pilares como los que mencionamos a continuación:

1. Redescubre el potencial de cada persona:

Lo dicho: no es la enseñanza por sí sola ni con fines netamente acumulativos; la idea es que lo aprendido no sólo pueda ser aplicado en la profesión de cada uno de los alumnos, sino sobre todo en su vida diaria. El buen coach educativo sabe sacar lo mejor de cada integrante de tus equipos, teniendo claro que no todos rinden ni actúan de la misma manera.

2. Potencia la responsabilidad personal:

El buen coach debe buscar la independencia, la autonomía y la conciencia de sus alumnos, elementos que necesariamente les impulsarán a un mayor grado de decisión y, por tanto, de responsabilidad.

3. Retroalimentación:

Al plantear métodos disruptivos de enseñanza, la relación entre el coach y sus alumnos sólo puede entenderse a través de una estrecha retroalimentación, la cual tendrá que ser dinámica, constante, eficaz, transparente y basada en ciertos valores como la confianza, el respeto y la motivación.

4. Desarrollo de nuevas competencias:

Además de potenciar las habilidades que cada alumno reconoce como suyas, el coaching educativo hace visibles otras que hasta el momento no han aflorado en el carácter y la personalidad. Una vez la propia persona las ha identificado, la labor del coach es usarla para conseguir un aprendizaje más eficaz y completo.

 

Finalmente, conviene decir que el coaching educativo se basa del mismo modo en habilidades sociales como la paciencia, la atención, el apoyo, la escucha activa, la imparcialidad y la conciencia de uno mismo.