El negocio de la movilidad urbana

Si vives en España o en Estados Unidos te habrás percatado del boom de artefactos de movilidad urbana principalmente motos y patinetes eléctricos que invaden aceras y carriles bici de nuestras ciudades. Pertenecen a las nuevas compañías de la llamada sharing economy o economía compartida surgida al albor de la filosofía de las nuevas generaciones que priorizan el uso a la propiedad de activos (bien por convicción o bien por no tener otra alternativa visto la deflación salarial que hemos experimentado con la crisis de esta última década). Estos nuevos vehículos se unen en el paisaje urbano a los servicios de bicicletas públicos inaugurados hace una década y que tanto éxito han tenido, y al boom de los patinetes eléctricos de propiedad. El panorama actual en estas ciudades es de cierta anarquía y caos ante la lentitud de los gobiernos locales de adaptarse a estas nuevas tendencias. Los patinetes campan a sus anchas por aceras, calles y carriles bicicletas. En muchas ciudades como Valencia, San Francisco y Madrid los han prohibidos temporalmente hasta que aprueben su regulación. En otras como Barcelona están regulados y por tanto limitado por donde pueden circular y aparcar. Pero la realidad es que han venido para quedarse siempre y acabarán formando parte del paisaje urbano siempre y cuando el modelo de negocio tenga sentido. Lo cual está por demostrar.

Sobre la presencia de estos nuevos actores en la movilidad urbana me gustaría compartir un par de reflexiones:

  1. ¿Son creadores de mercado? Es decir ¿Habrá una mayor movilidad urbana gracias a estas nuevas propuestas? ¿Son sustitutivos de otras formas de movilidad como el coche privado, el transporte público o simplemente el andar? Todavía es pronto para sacar conclusiones, pero mucho me temo que en muchos casos van a ser sustitutivos del andar. Siempre he pensado que una de las películas que mejor describe el futuro es la producción de Pixar Wall-E. Seguramente todos la conocéis y la habréis visto. Hay una escena que para mí describe bien la visión de futuro de la movilidad de las personas. Es esta. Quizás penséis que está muy lejos pero combinad Netflix, vehículos autónomos y energia eléctrica y ya empieza a parecerse. Mención especial a sus consecuencias en forma de esbelta figura de los hombres del mañana. Andar es uno de los pocos deportes accesibles a todo el mundo y que en mayor o menor medida lo practicamos todos. Creo que es un hábito a preservar.
  2. ¿Es realmente un buen negocio? Tengo mi serias dudas. Primero por que es fácilmente replicable como demuestra el hecho de que en cada país hay operadores locales que están copando el mercado antes de la oleada de consolidación que suele seguir a este crecimiento desmesurado. Algo similar a lo que pasó en su momento con el negocio de los cupones y las ofertas, y que pasará con los operadores de mensajería express estilo Glovo, Deliveroo y Rappi. Principalmente por que la escalabilidad del negocio es complicada (cada ciudad es diferente, requiere invertir en activos físicos y la lucha por cuota de mercado es cara). Y a todo lo anterior hay que añadirle el incivismo que es una señal de identidad contemporánea. Lo veo en Barcelona donde las motocicletas, bicicletas, patinetes están aparcadas en cualquier sitio, y circulan por donde quieren o pueden. Misma visión hace unas semanas en Roma. Hasta existe una cuenta de instagram que lo relata con fotografías y vídeos. En este caso con los patinetes de la empresa Bird, uno de los líderes en Estados Unidos. Aquí una muestra.

Por lo que ¿es posible ganar dinero en un negocio con tantos competidores indiferenciados que obliga a una guerra de precios para crecer? ¿Hay suficiente demanda para crear el volumen que necesitan estas empresas para ser rentables? Tengo mis dudas. Lo que sí creo es que no son una moda pasajera, sino que son propuesta que tendrán un largo recorrido ya que tienen aceptación entre los ciudadanos más jóvenes. Si eso será suficiente, es lo que dudo. Pero las finanzas de la economía digital parecer subestimar la dificultad y necesidad de generar cash flow positivos. O directamente no les importa. De hecho las últimas IPO’s en el mercado americano (Dropbox, Spotify y la próxima UpWork) así lo demuestran. Fíjense en la declaración de intenciones de esta última en la documentación requerida para la IPO. Para ponerse a temblar.


Extracto del S-1 presentado por UpWork a la SEC.

Recuerden, la imágen de Wall-E está más cerca de lo que parece. Y por poco que puedan, caminen cada día.