Informe OBS: Sigue en alza el porcentaje de personas que optan por alquilar

  • El derecho a una vivienda digna no es operativo para todos
  • 60.000 familias con hogar lo pierden por impago de la cuota del alquiler cada año

El derecho a una vivienda digna no es operativo para todos. Esta visión adversa no es pesimista: hay capacidad y recursos para revertir el panorama de conjunto; sin embargo, las aspiraciones individuales de hoy, y de ayer, exigen inversiones económicas que pueden ser paralizantes. De entrada, para acceder a una hipoteca hace falta una capacidad de ahorro que supera por mucho el monto que tendrá que abonarse mensualmente, y tampoco es tan reducida la cantidad inicial para gozar de un alquiler.

Por lo general, ya sea en España como en América Latina, se necesita no menos del 20 % del precio del bien para acceder a un crédito hipotecario. Este compromiso a largo plazo con una entidad bancaria conlleva evaluaciones en torno a la edad de quien solicita, ahorros, ingresos o estabilidad en el puesto de trabajo, todo lo cual se pondera para las condiciones que tendrá el préstamo. Por razones como estas, junto con la dificultad para ahorrar hasta las decenas de miles de euros y un giro en los paradigmas de la propiedad individual, hay quienes optan por el alquiler.

Quien alquila necesita solventará al inicio de su contrato la fianza de arrendamiento, adelantos y gastos de gestión. Experimentará una mayor libertad para mudarse a otro sitio al ritmo de los cambios que trastoquen su vida, desde viajes hasta condiciones laborales, a diferencia del mayor arraigo que conlleva la adquisición de una vivienda o el compromiso de una hipoteca.

En España, desde hace cinco años, sigue en alza el porcentaje de las personas que optan por alquilar, hasta superar el 17 %, ascenso que también se registra en América Latina; contexto de transformación en que la franja de edad es fundamental: aquellos que obtienen su primer trabajo sobre los 20 años hasta los 35 toman decisiones distintas de quienes van de los 35 hacia los 50, que asumen riesgos diferentes a los que están entre los 50 y los 65 o 70 años. Si en las décadas pasadas imperaba la noción de que alquilaban quienes no podían reunir el dinero para comprar, como un acto de resignación ante la imposibilidad económica, entre las nuevas generaciones el arrendar un piso no es una segunda opción, sino a veces la primera; son diversas las cuestiones en juego.

La cuestión básica es que el número de viviendas ofrecidas suba exponencialmente y sea para alquiler, como en el resto el mercado europeo. El otro desafío para el mercado inmobiliario está en la gestión frente a quienes, teniendo un hogar, lo pierden 60.000 familias en un año significan la precariedad habitacional para un cuarto de millón de personas, lo cual conlleva futuros hacinamientos y tantos otros sin hogar. La razón principal para un desahucio es el impago de las cuotas de alquiler a lo largo del tiempo, un problema económico que adopta dimensión social; por ello, si bien los procesos se resuelven con las diligencias entre ambas partes de un contrato, toda solución que aspire a ser sostenible exige la predisposición positiva de cada uno de los agentes del sector, interactuando.