Hay más de un entorno

Al pensar en el entorno es frecuente reducirlo a un concepto demasiado acotado, tanto como para reducirlo, a menudo, a un espacio físico con las personas que se mueven en él. Es un error, ya que el entorno no se puede tratar como una unidad rígida; por el contrario, hay que intentar gestionarlo como la suma de espacios y grupos que merecen un tratamiento específico para poderlos mejorar todos. Cada persona tiene que identificar cuáles son esos grupos en su vida, ya que caben desde el grupo que se reúne para jugar a las cartas una vez por semana, un club de lectura o una asociación religiosa. No obstante, hay algunas capas del entorno que son las más comunes. Vamos a analizarlas brevemente.

Entorno laboral. Se trata de todo lo que tiene que ver con el trabajo, se ve influenciado por el funcionamiento de la empresa, las relaciones que se establecen, y, a la vez, por otros factores más alejados como la legislación o el sistema fiscal.

Entorno social. Está relacionado con las condiciones de vida y de trabajo, con lo que se ha estudiado, con los ingresos, con las actividades de ocio, con los vecinos o con los compañeros de religión, de partido político, de asociación cultural, etc. El entorno social define la forma de encajar en el medio en el que vivimos y el proceso por el que vamos adquiriendo conocimientos y experiencia para relacionarnos con los demás.

Entorno familiar. El núcleo de este entorno lo constituyen las personas que forman parte de la familia, la más cerca, pero también las extensiones que se van sumando. Es el lugar en el que el ser humano vive en una comunidad establecida, que no depende de uno mismo, y en la que  tiene que aplicar sus valores, su conducta y sus costumbres.

Entono natural. La vida moderna tiende a anular el entorno natural. Evitamos el frío con la calefacción y el calor con el aire acondicionado, las distancias con el coche o el avión, y el cansancio con las máquinas. Aun así, el medio ambiente, el paisaje, el tiempo atmosférico, la luz y muchos otros elementos desempeñan un papel en nuestra vida que no hay que infravalorar.

Entorno psicológico. Es el conjunto de aspectos relacionados con nuestro comportamiento y con los pensamientos que elaboramos ante la realidad.

A pesar de que se pueden analizar todas esas capas del entorno por separado, no significan que sean totalmente independientes. La realidad más frecuente es que se superpongan y estén interrelacionadas. Es más, a menudo son vasos comunicantes existentes y como tales hay que abrir los ojos para determinar qué parte de cada entorno puede llegar a afectar a los otros. Así, tener un mal día en el trabajo puede modificar nuestra percepción del mundo y alterar nuestro comportamiento con los familiares o con los amigos. Cabe plantearse qué entorno hay que modificar en ese caso, si el laboral o el familiar. Aparentemente solo el primero, que es el desencadenante de todo lo demás; sin embargo, no hay que descartar la posibilidad de analizar los demás entornos para ver si hay algo que está pasando desapercibido y que desequilibra el ámbito que aparece como responsable de la alteración. Por ejemplo, puede que salgas de casa en hora punta y el tráfico te genere un estrés tal que al llegar al trabajo no rindas bien; eso hace que el entorno laboral se enrarezca y ya está afectada toda la cadena de subcapas del entorno, pero no era el entorno laboral el desencadenante de todo, sino una mezcla del social (horarios, lugar de residencia) del familiar (costumbres en casa) y del natural (tráfico); así que para no estar de mal humor con la familia a las nueve de la noche, puede que lo único que tengas que cambiar sea salir un cuarto de hora antes de casa por la mañana .

Para despertar la automotivación y mantenerla, el entorno laboral es fundamental; por eso hay que esforzarse en hacer que sea el idóneo y en cuidarlo para que el ambiente sea lo mejor posible. Si el trabajo se realiza en equipo, la cohesión de dicho equipo es esencial por la influencia que puede tener en la productividad, no solo la de ese grupo de personas o ese departamento, sino la del conjunto de la empresa. No hay una acción mágica que consiga que el ambiente del grupo de trabajo sea bueno; el equipo está formado por personas y eso hace que no haya fórmulas únicas, pero sí es posible trabajar en ciertos aspectos para tratar de conseguir el entorno ideal.

Un error que se comete con frecuencia, y que dejamos que cometan con nosotros, es eliminar la autonomía de cada miembro del equipo. En las empresas se tiende a quitarles el poder de decisión a los empleados y a dejarlos como meros ejecutores de las acciones que otros deciden; y eso ocurre a pesar de que los estudios demuestran que los que toman decisiones, incluso las de menor importancia, tienden a acercarse más a los objetivos de la empresa. Tomar decisiones puede traducirse en soluciones muy variadas en diversos ámbitos, así que no hay una fórmula única que como delegar la toma de decisiones; cada empresa es un mundo y lo que funciona en una puede ser un fracaso en otra. No obstante, hay dos ideas clave; la primera es dejar que los trabajadores adapten su horario según les convenga, hasta el punto de trabajar desde casa; la segunda es que puedan elegir entre los proyectos en los que se está trabajando. Esas dos parcelas de libertad y responsabilidad pueden hacer que una persona se dé cuenta de que es importante, ya que si se le da confianza es porque lo merece y se hace responsable de esa confianza.

Tomar decisiones tiene una consecuencia: estar dispuesto a defenderlas, o, dicho de otra manera, rendir cuentas. Lo que puede parecer un examen no es más que otra herramienta para aumentar la motivación y el compromiso. Es un comportamiento muy humano desentenderse si no hay que justificar las decisiones y las acciones. Por el contrario, una persona que puede elegir, decidir y defender su elección, estará motivada y se esforzará por que tenga pleno sentido y por que sea la mejor decisión posible; solo con un reparto de responsabilidades y de poder de decisión se cambia un entorno apático por otro lleno de ilusión.

Para consolidar ese entorno laboral ilusionante es necesario cuidarnos los unos a los otros. Las palabras agradables, los agradecimientos y el reconocimiento de los aciertos lejos de ser símbolos de debilidad, mejoran el entorno de trabajo y consiguen mayor motivación y compromiso de todos. Hay cierta tendencia a no comunicarse con los compañeros de trabajo y eso nunca es bueno para nadie. Una buena gestión del éxito en un equipo repercutirá de forma positiva cuando haya algún problema o se cometa un error, ya que la confianza mutua y el ambiente relajado hará que se viva sin miedo y como un reto, con el consiguiente incremento de la probabilidad de solucionarlo.