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Nuevos desafíos laborales: La formación continua como antídoto contra la incertidumbre

Parece difícil encontrar un modo de no sentirse agobiado casi a diario por los avances tecnológicos y el impacto que esto tiene, una  y otra vez, en nuestro desempeño profesional. 

Me gusta leer a diario la sección de Tecnología de los periódicos y artículos de revistas especializadas. Y no puedo evitar sentir que,  el único camino  posible para no angustiarme con todo lo nuevo que “no sé y debería aprender para seguir vigente en el mercado laboral”, es investigar más, aprender, practicar, hacer cursos. Es decir, estar en modo “formación continua”.  Eso me alivia. En los diez años que llevo afrontando el día a día  con este enfoque, he aprendido cosas que jamás imaginé que aprendería. Y he desarrollado habilidades y competencias que, de no ser por este cambio de paradigma que nos sacudió tanto, jamás hubiera adquirido.

Pero quizá la parte más dura de este “desaprender para aprender”  ha sido el descubrir que,  habilidades que hasta la revolución digital habían sido una garantía para mi movilidad y competencia laboral/profesional, fueron perdiendo relevancia al ser reemplazadas por otras nuevas que tenía que aprender desde cero.

Por ejemplo: mis habilidades para liderar equipos de trabajo presenciales, logrando que trabajaran por objetivos para alcanzar las metas, siempre fue una de mis fortalezas. Cuando comenzó a imponerse el trabajo remoto y las personas del equipo de trabajo estaban repartidas en diferentes locaciones, países, husos horarios, es decir, ya no tenía al equipo concentrado en una oficina en un horario fijo, me vi obligada a repensar cómo mantener el espíritu de equipo y tuve que investigar y  aprender a usar nuevas herramientas (y  convencer y capacitar a mi equipo)  para hacer trabajo colaborativo online; establecer nuevas pautas de comunicación; negociar con ellos y llegar a acuerdos para que “todo siguiera funcionando y se alcanzaran las metas”.

El esfuerzo en tiempo para seguir con el día a día y además adquirir todas estas nuevas competencias fue enorme. Pero sabía que esta revolución digital acababa de comenzar y no tenía marcha atrás.

A  diez años de que toda esta movida comenzara, sabemos que estamos viviendo en un mundo VUCA (Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo). Todas variables que están fuera de nuestro control.

La  que más nos afecta a la población económicamente activa es la Incertidumbre. Porque eso afecta directamente a la estabilidad. Si ya no tenemos garantizada la estabilidad laboral (antes esto se lograba trabajando bien y  dando lo mejor de cada uno), entonces se ve afectada nuestra estabilidad familiar (qué hago si me quedo sin trabajo porque me reemplaza un chatbot?) y nos desestabilizamos emocionalmente.

Por eso, independientemente del tipo de trabajo que hoy desarrollamos o el tiempo que llevamos en una Empresa, somos muchas las personas que tomamos la iniciativa de seguir formándonos diariamente para aprender y desarrollar nuevas habilidades.

Según una reciente investigación a nivel global del BCG (Boston Consulting Group), el 68% de las personas dijo estar ya reciclándose con formación, aún cuando expresaron no sentirse amenazados por la pérdida de sus puestos de trabajo en lo inmediato.

Un dato interesante es que el 29% de los encuestados que está sin trabajo o desea cambiar, reconoce que está teniendo graves problemas para aplicar a nuevas posiciones porque les piden conocimientos, competencias y habilidades (vinculadas a lo digital) que por sus posiciones o trabajos anteriores no creyeron necesarios  aprender y/o desarrollar y se encuentran hoy en situación de emergencia para formarse y poder reinsertarse.

La  formación continua ya está entretejida en la tela de la experiencia moderna. Y según el estudio de BCG, dos tercios de todos los trabajadores pasan algunos meses al año aprendiendo nuevas habilidades o procesos. La mayoría ya no espera que su empresa le proponga algún tipo de formación, sino que toman la iniciativa para autogestionarse el aprendizaje que necesitan.

El mundo, tal y como lo estamos conociendo ahora, no va a detener su marcha y todo hace suponer que la incertidumbre va a ir en aumento.

Por eso, en mi experiencia, el único antídoto para no paralizarse es aceptar que a todos nos toca aprender cómo funciona este nuevo mundo laboral y empezar a buscar la formación que necesitamos en lugar de utilizar esa misma energía para resistir al cambio.