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Educación, una ecuación de calidad para nuevos tiempos

La educación superior y sus instituciones, se encuentran hoy en día, en un gran momento de inflexión respecto al aporte que deben realizar en la formación de capital humano, para los actuales tiempos, “que ya dejaron de ser futuros”, como se señalaba en la última década, en foros, seminarios y eventos, donde se presagiaba sobre los grandes cambios que se debían enfrentar en torno a oportunidades, así como las consecuencias de la tecnología digital en la empleabilidad y el desarrollo económico social.

En este escenario, parecía que el camino a recorrer a corto plazo, era conocido y abordable. Sin embargo, el diagnóstico sobre las brechas, pasaba por crear y/o actualizar currículums más pertinentes con las nuevas tecnologías, los que no han sido suficientes y no competen tan sólo a la “academia”. Los desafíos y exigencias, sin duda se han ido complejizando, ya que la ecuación ha ido incorporando nuevas derivadas, en nuevos escenarios, donde los principales actores y líderes, aún no logran acuerdos, que permitan una mayor estabilidad y predicción de escenarios.

Las mayores exigencias en torno a una deseable y necesaria mejor calidad de la educación superior, paradójicamente, sin una mayor precisión y definición sobre calidad, ha ocupado parte importante del tiempo, en consultas y discusiones, sobre criterios y estándares, que alineen y articulen los propósitos institucionales con las reales necesidades del desarrollo económico y social. En este rompecabezas, hay piezas que recién se comienzan a construir.

Mientras la tecnología, avanza y se desarrolla más rápido que las competencias y currículums, las universidades, aún mueven sus piezas, para lograr enfrentar los cambios políticos y sociales de las demandas legítimas de una economía más sustentable, así como afinar sus presupuestos a escenarios más críticos, por un lado con admisiones y aranceles más regulados y por otro lado con incertidumbre aún respecto a mayores inversiones y costos para alinear los recursos pedagógicos que requieren procesos de enseñanza aprendizaje acorde al desarrollo productivo industrial y de servicios.

El desarrollo curricular y los nuevos contenidos, en carreras de pregrado, postgrado y formación continua en general, deben dar cuenta por un lado de la inclusión, género, globalización, democratización, así como la pertinencia con los territorios y su vinculación con el medio, descentralización, modalidades de enseñanza aprendizaje, nuevas formas de empleabilidad y mayor envejecimiento, emprendimientos e innovación, investigación, entre otros. A lo anterior, debemos agregar indicadores de rentabilidad, seguimiento, eficiencia, rendimiento, etc., que permitan la validación del cumplimiento de una gestión institucional y de docencia de calidad.

En este análisis y escenario multivariable de factores internos y externos, las instituciones deben ser capaces de planificar estratégicamente y gestionar la docencia, enmarcadas en modelos de aseguramiento de calidad, y la dualidad del desarrollo, innovación, investigación, conviviendo con estándares y criterios, tendientes a la homogenización y sostenibles en horizontes de planeación de mediano y largo plazo.

La construcción de la ecuación, incorporación de variables, así como el modelamiento de algoritmos que permitan predecir los comportamientos de la gestión institucional, es la resultante de los procesos académicos de sus alumnos. Integrar todas las dimensiones, parece más un problema de inteligencia de negocios que de la esencia de la academia. Lo esperado es que la brecha Universidad mundo del trabajo se acorte y alinee, para dar cumplimiento a las expectativas de nuestros alumnos que buscan una oportunidad y sin duda mejora en la calidad de vida. El retorno de la inversión ya sea social y/o privado sobre el costo del aprendizaje, es otra ecuación a analizar para una próxima oportunidad.

 

Alberto Villa, Embajador Digital

Club Alumni OBS Chile