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Proceso productivo: tres modelos para lograr el máximo rendimiento

proceso productivo

 

Entendemos por proceso productivo todas aquellas acciones que intervienen de una u otra forma en el diseño o elaboración de un producto o servicio. Es decir, no es un proceso como tal: es la suma de varios procesos internos que es necesario controlar para alcanzar el máximo rendimiento y una alta calidad.

Aunque sin duda existen cadenas productivas más complejas que otras, éstas se dividen por lo general en varias etapas, las cuales están marcadas por la intervención de los insumos y materias primas o por las modificaciones que exige cada proceso.

No se debe confundir el proceso productivo con un sistema productivo, pues este último incluye todos los pasos de la producción más la extracción de las materias o los insumos primarios. Es decir, es mucho más amplio.

 

Tres modelos de proceso productivo para aplicar en un negocio

Cualquier proceso productivo se compone de tres fases: el diseño, la producción y la distribución: la primera de ellas se refiere a la presentación del producto hacia el exterior y es el resultado de una selección de ideas; la segunda, es la fabricación en sí misma; y la tercera, supone la colocación del producto tanto en los distintos canales de comunicación como en los puntos de venta.

No obstante, si ahondamos un poco más en esta cuestión, casi enseguida nos damos cuenta de que existen diferencias entre un modelo de proceso productivo y otro, con lo cual es absolutamente necesario distinguir los tres modelos básicos que se conocen:

 

1. Lineal o por producto:

La producción tiene lugar de manera coordinada, consecutiva e incremental. Dado que cada tarea está estrechamente ligada con la que le antecede o la que viene después, en este modelo juega un papel fundamental la administración del proyecto, pues una sola avería, por pequeña o trivial que parezca, puede dar lugar a un obstáculo de grandes proporciones o la paralización parcial o total de la cadena productiva como tal.

 

2. Proceso por proyecto:

La principal característica de este modelo de proceso productivo es que tiene lugar en un sitio concreto y su impacto se circunscribe a él. O dicho con otras palabras, el proceso cumple una función puntual y no trasciende más allá del ámbito en el que se ha afincado. No hay tampoco flujo productivo continuo. Es un modelo empleado sobre todo en proyectos que persiguen resultados ágiles o que quieren evitar al máximo los contratiempos y los riesgos.

 

3. Proceso intermitente:

En este último caso, hablamos de una producción que no es continua ni en el espacio ni en el tiempo, y que en cambio se realiza por lotes o intervalos. Por lo general se trabaja con unidades o grupos específicos, cada uno con sus plazos de ejecución. El producto pasa por diferentes áreas o departamentos antes de llegar a su destino final, que es el mercado. De hecho, es posible que en algunos casos ni siquiera intervengan todos los niveles de una compañía.

 

Cualquiera de estos tres modelos es tan útil y eficaz como tu negocio lo demande. No hay ninguno que sea mejor o peor que los otros. Son las necesidades de tu empresa las que definen cuál encaja mejor con lo que buscas. ¿Ya lo tienes claro?