Tendencias & Innovación

Una innovación debería protegerse con su patente, su diseño y su marca

La protección de los conocimientos que nos permiten obtener innovaciones y como consecuencia  desarrollar productos y servicios que podemos comercializar, o procesos por los cuales esos productos y servicios van a ser más competitivos en el mercado, es uno de las actividades que cualquier empresa o emprendimiento debería tener en su decálogo de prioridades. Para la protección de esos conocimientos tenemos los instrumentos que otorgan derechos de Propiedad Industrial como pueden ser las patentes o  los modelos de utilidad, sin olvidar a la figura del “secreto industrial”.

Esta cuestión de la protección del conocimiento, que es uno de los principales activos intangibles que debería tener una empresa, en no pocas ocasiones no es objeto de preocupación por parte de gerentes y directivos, y en consecuencia, tampoco por todos aquellos empleados que forman parte de ese conocimiento empresarial. En muchos casos, ese conocimiento que supone una ventaja competitiva sale de la empresa y entonces la consecuencia es que la empresa pierde esa ventaja competitiva. Pero no solo se produce esa pérdida de ventaja sino que, además, la competencia no tendrá que recuperar el coste de adquisición de ese conocimiento en el precio de sus productos o servicios por lo que podrá comercializarlos a un precio inferior al nuestro.

Es preocupante el desconocimiento de estos instrumentos de protección del conocimiento que están amparados por una legislación en la gran mayoría de países y que, además, también tiene convenios internacionales de reconocimiento entre países que permite y facilita su internacionalización a otros países. En el ámbito de la propiedad industrial el principal acuerdo internacional es el Convenio de Paris. Para darnos cuenta de la relevancia o importancia es oportuno saber que es un convenio cuya primera versión es de 1883, es decir, tiene más de 130 años; y hoy en día ya lo han firmado 153 estados.

Soy consciente que existe gran controversia con las patentes en el ámbito del software, especialmente en Estados Unidos, con el software libre que no se debe confundir con el software de código abierto. O en el campo de la medicina y la salud. Pero lo cierto es que el sistema de patentes se creó mucho antes de que existiera el software o que existieran empresas multinacionales en medicina o en salud. La primera ley de patentes, el "Statuto dei Brevetti", que fue aprobada en la República de Venecia en 1474 y tiene por tanto más de 540 años.

Como vemos la protección del conocimiento de las innovaciones no es algo que se “inventó” en el siglo XX sino que ya tiene años.

Pero no solo podemos proteger y debemos proteger el conocimiento sino que también podemos y debemos proteger la creatividad con la que una innovación se presenta al mercado. Y esto es lo que se hace por medio del instrumento del diseño industrial. Que debe ser un complemento a nuestras  patentes o modelos de utilidad, porque el diseño nos protegería el aspecto exterior y las patentes y modelos lo que hay dentro.

El diseño es “lo que se ve” de la innovación, lo que muchas veces provoca la atención del comprador y que hace que se interese por nuestra innovación.

Para aquellos que les interese el diseño quisiera recordarles los “principios del buen diseño” que conceptualizó uno de los diseñadores industriales más importantes del siglo XX, Dieter Rams.

Así escribió que el Buen Diseño: es innovador, hace útil un producto, es estético, hace un producto comprensible, es discreto, es honesto, es de larga duración, es minucioso hasta el último detalle, se preocupa por el medio ambiente y es el menos diseño como sea posible.

Como podemos leer expone algunos de los conceptos que hoy en día están de moda y parece que sean novedad como que un producto debe ser de larga duración, es decir, no tiene obsolescencia programada; o que un producto se preocupa por el medio ambiente, es decir, lo que se dice tener ecodiseño.

Ahora bien de la innovación no solo puede y debe protegerse el conocimiento, o la forma que concebimos para hacer más bella esa innovación, sino que también es conveniente utilizar uno de los instrumentos más poderosos y que acumula más valor a lo largo del tiempo como es la marca. A diferencia de la inversión en una máquina que con el tiempo pierde valor, la inversión en una marca es algo que con el tiempo tiende a incrementar el valor intangible y el valor de mercado. Tan importante es el valor que puede tener una marca que en muchas ocasiones cuando una empresa quiebra mientras las máquinas pueden llegar a ser consideradas chatarra en cambio las marcas son el activo intangible sobre los que se consigue una mayor valoración y unos importantes ingresos por su venta a un tercero. Pero también las marcas pueden utilizarse para obtener financiación externa, es decir, podemos hipotecar nuestras marcas para refinanciar deudas.

Como conclusión final: Es importante innovar pero tan importante, o más, es proteger el conocimiento con el que obtenemos las innovaciones, la forma donde guardamos esas innovaciones y la marca con la que el consumidor va a conocer y reconocer nuestras innovaciones.