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Tres tipos de pasivo financiero que debes gestionar

pasivo financiero

El pasivo financiero se refiere a todos aquellos compromisos o deudas adquiridas por un negocio en un período determinado, que puede ser a corto, medio o largo plazo.

Aunque generalmente se saldan con el desembolso en dinero en efectivo, es decir, con liquidez, no siempre se usa este medio de pago para ello. También se puede cubrir a través de la cesión o el intercambio de bienes inmateriales o materiales.

 

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Pasivo financiero: 7 ejemplos cotidianos

El pasivo financiero también puede entenderse como la cara contraria del activo financiero. Sin embargo, es necesario precisar que no se consideran pasivos financieros los contratos que obliguen a una empresa a entregar bienes o la prestación de algún servicio ni las deudas contraídas con las administraciones públicas.

Dejando de lado estos dos casos, existen numerosos ejemplos de pasivos financieros en el día a día de las empresas, muchos de los cuales reconocerás de inmediato. ¿Quieres echar un vistazo a algunos de ellos? Presta atención:

  • Deudas contraídas con características especiales, por ejemplo plazos de devolución específicos o intereses de deuda con un trato preferencial.
  • Cesión de acciones de la empresa a un tercero o particular y la dación de dinero en efectivo para cubrir un pago.
  • Débitos correspondientes a operaciones comerciales en las que aparecen involucrados proveedores y acreedores de distinta índole.
  • Obligaciones financieras emitidas en otros valores negociables, como por ejemplo los bonos de deuda y los pagarés.
  • Préstamos o créditos financieros que no hayan sido emitidos por bancos o entidades especializadas en estas operaciones.
  • Cesión de acciones de una empresa sin derecho a voto y acciones con la posibilidad de ser recuperadas.
  • Derivados desfavorables para el negocio, como por ejemplo compraventa de moneda extranjera, futuros, opciones y permutas financieras, entre otros.

 

El pasivo financiero y sus tres tipos esenciales

Sin embargo, cuando se trata de gestionar cualquier pasivo financiero, lo ideal es tener claros tres tipos básicos de compromisos y deudas. Veamos en qué consisten:

1. Pasivo financiero para negociar:

Son todos aquellos que se emiten con el único propósito de ser readquiridos en el corto o medio plazo. No obstante, para ello siempre habrá que tener como referencia los cambios de valor, especialmente si hablamos de una transacción en monedas distintas o con otras condiciones variables.

2. Pasivo financiero derivado:

No son pasivos financieros directos, sino que se derivan de una relación o de un acuerdo al que llegan dos partes en el momento en que firman un contrato, la cual se basa en el intercambio de activos bajo unas condiciones específicas. Una de esas condiciones es justamente el pago de compromisos con la otra parte.

3. Pasivo financiero a valor razonable:

En esta última categoría se ubican aquellos pasivos que se derivan de eliminar las inconsistencias contables (o también llamadas asimetrías) y de la valoración de activos y pasivos durante el cierre contable de un período.

 

Tener un pasivo financiero no es una situación excepcional en las empresas. De hecho, muchas de ellas los tienen y sin embargo gozan de rentabilidad y alto rendimiento. La clave está en la gestión y la previsión que hagas de ellos.

 

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