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¿Cómo está cambiando la relevancia del valor residual?

En una reciente transacción de compraventa de activos renovables en la que he participado, el principal caballo de batalla en la negociación de la valoración de la compañía ha sido el valor residual. Históricamente, se solía asumir que la vida útil de los activos de renovables es de 20 años y no se consideraba ningún valor residual ya que con altas tasas de descuento el incremento de valoración causado por este factor era despreciable. Por tanto, solía considerarse un elemento menor en las valoraciones, y el comprador y vendedor se centraban más en otros aspectos como los flujos de caja y la tasa de descuento. 

 

Sin embargo, ahora los avances técnicos permiten extender la vida útil de parques eólicos y plantas fotovoltaicas hasta los 25 o 30 años, y además se consideran operaciones de repotenciación a término de la vida útil que permiten con una determinada inversión ampliar la vida útil otros 20 años más. Ambas extensiones hacen crecer significativamente el valor residual

 

Adicionalmente, los entornos actuales de tipos de interés bajos han reducido significativamente las tasas de descuento, por lo que incluso aunque el valor residual a considerar sea bajo, el efecto en valoración puede resultar significativo, ya que al actualizarlo con una tasa de descuento baja se obtiene un importe relevante.

Aunque estas consideraciones se refieren a un sector en concreto en el que debido a la predictibilidad de los flujos de caja se suele trabajar con ciclos de vida largos, es razonable ampliarlo a otros sectores ya que en entornos competitivos siempre se buscarán maneras de mejorar la valoración, y exprimir el cálculo del valor residual permite abrir un abanico de posibilidades para ello.