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El segundo pilar: la actitud positiva

Hay varias maneras de enfocar la vida y no son, ni mucho menos, excluyentes. Por el contrario, debes ser consciente de que en cada momento se requiere una u otra. La verdad es que ninguna forma por sí sola es la correcta; por el contrario, la combinación de varios enfoques en cada momento, bien calibrados y aplicados, permitirá lidiar de manera más eficaz con la realidad. En lo que pensamos está la clave, en tener el control de nuestros pensamientos, los cuales determinaran (como hemos ido viendo en los apartados precedentes) nuestros sentimientos.

No obstante, a pesar de la validez de distintos enfoques, para enfrentarse a los cambios y salir airoso, siempre es necesario pensar de manera positiva, lo cual no significa ser siempre optimistas y no considerar la posibilidad de que algo vaya mal. De nada sirve ser siempre optimista si se olvida en el momento clave que a veces es necesario ponerse agresivo para mostrar que se ha alcanzado un límite. La combinación ideal de maneras de enfocar una situación es aquella en la que el optimista no desaparece pase lo que pase y, al mismo tiempo, las otras maneras están presentes y protegen al optimista. De ti dependen tus pensamientos y, en consecuencia, tus emociones.

Puede que te parezca que con los pensamientos ya tienes suficiente, y que controlando y monitorizando lo que piensas puedes gestionar las emociones ante todo lo que te pase. Siento decirte que no es así, que no es tan sencillo. Lo que pasa, en realidad, es que los pensamientos son los que hacen las actitudes y estas, y solo ellas, las que construyen la realidad. De nada sirve tener pensamientos positivos si lo que se transmite es lo contrario. De nada sirve proponerse cambiar, actuar de otra forma si no se manifiesta en el día a día. Dicho de otra manera: es imprescindible tener una actitud optimista, pero no lo es que el pensamiento tenga ese mismo grado de optimismo y positividad. El pensamiento, en el flujo del que estamos hablando, es la causa, y lo que nos importa es la actitud, que es el efecto. Por tanto, nadie te exige que seas siempre positivo, sino que aprendas a modular la forma en la que ves las cosas. Puedes tener momentos en los que el pesimismo se apodere de tu pensamiento y es posible que en algunas situaciones sea lo más lógico, pero si la actitud puede sobreponerse al pensamiento, la acción irá por buen camino.

En la tabla tienes un test que te servirá para evaluar hasta qué punto es positiva tu actitud. No es complicado; se trata de preguntas a las que tienes que contestar sí o no.  Apunta los resultados en una libreta y después sigue leyendo para analizarlos e interpretarlos.

 

 

Pregunta

Respuesta

1

Cuando algo va mal tiendo a pensar que el obstáculo existirá durante tiempo.

 

2

Cuando no me eligen para una misión que anhelo, me inclino a creer que no tengo las habilidades precisas que están buscando en ese momento, en lugar de pensar que, en general, no estoy cualificado para llevarla  a cabo.

 

3

Cuando mi jefe, o un cliente, dice que quiere hablar conmigo, instintivamente pienso que quiere discutir un problema o regañarme.

 

4

Cuando sucede algo que no me gusta, pienso que es natural que me pase y que continuará pasándome.

 

5

Cuando experimento dificultades en el trabajo/casa, también me siento negativo sobre otros aspectos de mi vida.

 

6

Si algo me sale muy bien, creo que es porque soy talentoso e inteligente de forma general y no porque se me dé bien un ámbito concreto de acción.

 

7

Cuando un equipo al que pertenezco funcionando mal, pienso que la causa es ocasional y tiene una solución sencilla.

 

8

Si obtengo un premio/reconocimiento/contrato, creo que se ha debido a que soy mejor que los demás.

 

9

Cuando alcanzo una meta que me resultaba un desafío, me felicito a mí mismo y pienso en todas las habilidades que he usado para conseguirlo.

 

Resultado

Número de síes

De la 1 a la 5

De la 6 a la 9

 

Si en las preguntas de la 1 a la 5 tienes mayoría de respuestas afirmativas, quiere decir que te falta trabajar la actitud positiva. Tiendes a pensar que el mundo va contra ti y esa visión maximalista y negativa te resta capacidad.

Si en las preguntas de la 6 a la 9 tienes tantos síes como en la categoría anterior (de la 1 a la 5), tienes un problema de equilibrio. Por una parte la actitud positiva aflora en ti, pero por otro tienes un punto de negatividad que lo contrarresta.

Si en las preguntas de la 6 a la 9 todo son respuestas afirmativas  y en las demás todo son noes, tu actitud positiva alcanza un grado máximo.

Una vez analizado el test y ahora que ya conoces tu grado de positividad, vale la pena recordar que la vida que vives es el resultado de actitudes y decisiones anteriores, y que la vida futura será el resultado de la actitud que adoptes y las decisiones que tomes hoy. En general, el ser humano suele anticipar más el mal que el bien, lo cual es natural, pues como animales que somos es una manera de actuar cauta y prudente que trabaja a favor de la supervivencia; pero es necesario vencer esta tendencia para dibujar un futuro en positivo, en color, atractivo. Sin duda eso incrementará la probabilidad de conseguir lo que te propongas. No olvides el siguiente dato, que te ayudará a avanzar por ese camino: se ha demostrado que el 90 % de los problemas por los que nos preocupamos jamás sucede. ¿Es eficiente, pues, preocuparse por ellos?